domingo, 6 de marzo de 2016

A ti te lo desearía todo.

No te mereces que te quiera.

No mereces que cada tarde salga a buscarte con una sonrisa en la boca, no mereces que pague al sol por salir a visitarte cada mañana, ni las flores que te dejé en la puerta, ni el nombre de Amor Mío, ni los besos en el portal, ni las noches de frío ni a mí.

No sé cómo hemos llegado a este punto, no sé cómo podemos odiarnos tanto como para saber a ciencia cierta que nos querremos toda la vida. Que te voy a querer y que, en mi último aliento diré "la quise aunque ella quería a otras".

Quiero que estés tranquila, yo también querré a otras, y compartiré cama y mañanas y besos y risas y cenas para dos y viajes. Todos los viajes que prometimos hacer juntas los haré agarrando la mano de otras mujeres. Y las querré. Y te seguiré queriendo como si mañana fueses a aparecer y yo fuese a dejarlo todo para irme a destrozar la cama contigo.

Cuando me miro al espejo me proclamo "mía mía y mía". Sólo mía.


Es un alivio saber también que ya nunca nadie me vendará los ojos y aprovechará el apagón para follarse a cinco en nuestra cama y volver con todas las bragas rotas a la espalda y una sonrisa de "te quiero tanto que me explota el alma cada vez que sonríes".

Espero que al menos disfrutasen lo que tú nunca me hiciste disfrutar. Y espero que estés triste. Podría desearte lo mejor y alguien que te quisiera bien, pero no. Odio esos rollos de hipocresía y ese jueguecito de la ex perfecta cuando aún tengo la imagen tuya tirando mi corazón al suelo y pisonteándolo con fuerza mientras yo lloraba. Así que deseo que estés triste. Que estés muy muy triste y un día decidas volver y me encuentres mirando a otros ojos como nunca miré a los tuyos, confesándoles que les quiero bien, que una vez me quisieron mucho y nadie debería ser tan desgraciado como para merecer algo así.

Nadie,
excepto tú.

Ojalá te quieran mucho,
mucho más de lo que tú
jurabas quererme a mí.


martes, 12 de enero de 2016

Ella dijo que sí.




Ella dijo que sí. Ella dijo que sí quería emborracharse contigo cada noche, que dejaríais la puerta abierta para que escapasen los fantasmas, que te dejaría besarla después de fumar ese asqueroso tabaco de liar, que no haríais ni un sólo día la cama porque no teníais intención de salir de ella. 


Ella dijo que sí, que cocinaríais juntos con todo lo que eso conlleva: con la harina por las paredes y con su culo encima de la encimera pidiendo tregua. Que sí, que quería compartir comida contigo, que siempre había deseado tener a alguien con quien compartir plato sin sentir recelo por ver quién se come el último bocado.

Ella dijo que sí, que sí a las tardes de película y manta, que si a tus manos tocando su cintura y sí a tu lengua. Sí a los masajes en los pies y en la espalda, si a los besos en las piernas. Sí a robarte camisetas cada noche para dormir.

Ella dijo que sí, que aceptaría todos los bailes que le propusieras, incluso sabiendo que ibas a pisarle los zapatos. Que quería recorrer New York contigo, pero también Madrid. Que alquilaríais un hotel en pleno Times Square y pasaríais la noche riendo y cantando. Que desayunaríais perritos calientes y cenaríais quién sabe qué pero a quién le importa.

Ella dijo que sí, que quizá algún día, llegaríais a ser algo, que quizá algún día, volveríais al punto de origen y entonces juntos, y cogidos de la mano, gritaríais que sí, que cuando dos personas tienen que estar juntas ni tan siquiera el tiempo es capaz de frenarlas.


jueves, 10 de diciembre de 2015

Empieza por E y acaba contigo.

Imagínate que te cojo de la mano y caminamos. Que todo vuelve a empezar y a ti no te asusta que me marche cualquier día de pronto y sin avisar, y a mí no me asusta que no termines de llegar. Imagínate que miramos al cielo a la vez y nada nos parece lo suficientemente alto. Porque todo se nos queda corto.

¿Qué harías si todo volviese a empezar?

Si nuestra vida fuese como un cuento de esos en los que tú eliges el final. En el que tienes tantas posibilidades de acierto como de fallo.

Posiblemente estemos llegando al primer final que decidimos leer. No tiene por qué ser el erróneo. Ni tampoco el correcto.

Pero ya lo hemos leído, y no voy a mentirte, me ha gustado, me ha gustado mucho pasear por otros cuerpos sin pensar en ti. Me ha gustado besar tantas bocas, sentir que me enamoraba pero no, los cosquilleos y las ganas de las primeras veces. Conocer a tanta gente que mi agenda telefónica sea las páginas amarillas de la desesperación.

Pues sí. Me ha encantado.

Para ser honesta ha sido una fiesta de muchos años a la que no veía fin.

He follado tanto que te podría escribir un libro de cómo hacerlo paso a paso. Sin perder detalle. Tú también lo has hecho así que no creo que lo necesites. Porque a mí no me engañas, lo vuestro no es amor.
No desde que me miraste de aquella manera.
No puedes querer a dos personas a la vez.

Lo siento, o no, pero tú de amor sabes lo mismo que yo, y yo hace tantos años que no compartimos cama que no tengo ni idea, no podría explicarlo. Quizá aunque lo intentase no podría hacerlo, porque dime tú cómo explico tu sonrisa, o tu mano agarrando la mía en esos infinitos descuidos que hemos tenido durante tantos años. Dime cómo explico que nos besamos. Que te sentí tan adentro cuando me besaste que pensé que era sólo tuya.

Dime, eh, dime tú cómo explico que desde que lo hicimos sé cuál quiero que sea la segunda parte de mi cuento. Cómo te explico que no quiero un "continuará" al final de las páginas porque quiero que todas tengan tu nombre.

viernes, 16 de octubre de 2015

Mi mundo.

                            "Crecer es aprender
                a despedirse." Risto Mejide.




Ya ha comenzado la cuenta atrás.

He dicho "adiós" tantas veces que al final me he creído de verdad que mi vida es tan sólo mía. 

He escuchado tantas veces y de tantas bocas cercanas un "te estás echando a perder" que se ha convertido en mi chiste favorito. 

Digo chiste porque para lo que el resto del mundo significa perder para mí siempre ha significado ganar.

Recuerdo el día que perdí al amor de mi vida y me gané a mí, 
fue maravilloso.

Como iba diciendo,
perder es maravillosamente divertido.

El caso es que al final he hecho tan mía la vida que he aprendido a vivir como muchos de los que presumen no tienen ni idea de hacer, 
que sonrío por la calle cuando llueve 
y abro mucho mucho los ojos cada vez que hace sol. 

Que camino recto siempre que encuentro un cruce porque no soy capaz de elegir entre ir a la izquierda o a la derecha. 

Porque me gusta mirar de frente,
y caminar siempre con el objetivo de pisar el horizonte.

Confieso que en el intento también me he pisado los tobillos, pero estoy demasiado contenta para contar que a veces también me sangran las rodillas.

Contenta porque no soy dueña de nadie, ni de mi misma. 

Porque un día estoy aquí, otro día allí y al siguiente me planto en tu casa y te beso la boca. 

Contenta porque me miro en el espejo y sólo veo miedo plantándome cara. Y sólo veo mi cara guiñándole un ojo. 

Y a veces, le susurro muy bajito:
"ahora que estás ahí parado, baja las armas, no he empezado a correr y ya me has perdido de vista". 

Luego él sonríe y se gira lentamente. 

Lo ha entendido todo: 
otra vez mi vida vuelvo a ser yo 
y no mis circunstancias.

Otra vez mi casa vuelve a estar
donde está mi felicidad,
y mi felicidad resulta no ser de nadie
ni tan siquiera mía.

Posiblemente no estéis entendiendo nada,
pero la felicidad se encuentra
donde seas capaz de buscarla,
y nadie va a hacerlo por ti.

Así que corre, valiente,
que nunca nadie se atreva a decir 
que no lo intentaste.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Quiero escuchar tu voz.

Hoy he hablado de ti. 

Y ayer. 

Y antesdesyeryelotroyelotro. 

Hoy he hablado de ti.

Me han contestado con un "no te preocupes, seguro que sólo era porque necesitabas cariño".

Sólo porque necesitabas cariño.

Sólo.

Aquí vengo a decirte que si me colgué de tus brazos, 

que si me arrastré como un mendigo que lleva días sin comer por tus labios, 

que si lloré aquella noche porque tus ojos no me miraban desde el otro lado de la cama, 

que si maldije el día que te dije adiós, pero mucho más el que te dije hola.

Que si te quise cuando la vida no me dejaba ni quererme a mí, 

que si seduje mil veces tu ventana para que te asomases una vez más, 

que si yo fui el balón y tú el jarrón roto, que si yo fui el grito de una madre y tú el llanto del niño. 

Que si lo hice todo, 

que si lo sigo haciendo: 

no fue por maldad, 

ni porque me divirtiera el juego. 

Fue porque te quería, 

porque aún a veces te quiero, 

porque seguí todas las flechas que me contaban que era el amor de tu vida. 

Fue porque me volvía loca por ti, y a día de hoy a pesar de haberlo intentado, no existen labios que hayan logrado curarme. 

Que si...

y que sí,

con tilde.

Que te quiero.
Siempre,
incluso a veces
demasiado.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Cuatro años y un beso.

                                   "Qué esperabas, 
llevo cuatro putos años pensando en ti."


Hay una persona que cuando aparece derriba todos tus muros,
es la persona con la que dormiste abrazada,
y a la que abrazarías hasta dormir.

Sabéis dónde tocar
y cómo tocar
para que explote la bomba.

Da igual cuántos años lleves sin besarla
porque cuando lo haces
cuando la besas y cuando se deja
cuando te roba los labios 
que durante muchos años
creíste tuyos,
cuando todo eso pasa
sabes que a la siguiente pregunta que alguien formule
dirás:
fue
ella,
siempre
será 
ella.

Lo sabes porque lloras ante sus ojos
y ves como
trocito
a
trocito
se va rompiendo,
ves como el balón
colisiona contra el cristal
muy 
pero que muy 
a cámara lenta.

Dejas que te limpie cada derrota
una a una,
que las pasee por tu mejilla
con correa y bozal
y las lance lejos
dejándolas correr.

Pero cuando se alejan
cuando ves que se han ido
y que todo ha terminado así
como esperabas que terminase
cuando todo eso pasa,
no lloras más,
ni os besáis más,
ni os decís que seguís queriéndonos.
Ya no pasa nada,
habéis abierto los ojos y cada una
sigue su camino a casa.
Y al llegar abriréis una conversación
que por supuesto
no será la vuestra 
y escribiréis lo siguiente:
"llevo toda la noche echándote de menos."
Cerraréis los ojos fuerte
y lo dejaréis estar
porque nadie puede saber vuestros nombres
nadie puede ensuciar el pasado
porque no entenderían 
que aunque lo dejasteis en una gasolinera
y apretasteis el acelerador hasta ser pillados por treinta radares
y perderle de vista:
os alcanzó.

Ahora todo es como siempre:
comer sola
ducharse sola
pasear sola
bailar sola
reír sola,
y pensar
todas las noches
antes de dormir
que si no es contigo
tenga a quien tenga al lado
también lo llamaré:
dormir sola,
o lo que es lo mismo:
dormir con cualquiera 
que ni tan siquiera conoce tu nombre
por lo que no merecen
ser
nombrados.

domingo, 16 de agosto de 2015

Vuelve y despierta a la bestia.

Cuando te vi por primera vez pensé "qué bonita su risa". 
Y en ti. Pensé en ti. 
Pensaba en cómo sería verte beber cerveza a morro y sin freno, en quién mandaría en tu cabeza y en cómo mandarías sobre tu corazón, en cuál sería tu lado de la cama o qué sería lo primero que dirías al despertar. 

Cuando te vi por primera vez todo se hizo tan largo que pensé que estaba siendo demasiado corto. 

Pero te vi. 
Te vi beber a morro y a pedirme otra más, y otra más, y otra más. Te vi comer con ganas pero no conmigo. Vi como sonreías, como me contabas tus ideologías, tu política, tus idas de cabeza y tu pasado, vi como te reías de mí cada vez que me ponía algo más seria de lo normal, como repetías cada error que salía por mi boca y te burlabas durante lo que quedaba de día, te vi empujarme hasta mi ahora segunda fobia porque tú pasaste a ser la primera, porque tú sonreías.

Te vi invitarme a tu casa y observarme mientras me tumbaba en tu sofá a escucharte un rato más porque pensé que no había sido suficiente. Sentí tu mano en mi estómago y recorrí tus largos dedos mientras ellos deambulaban mi costado. Me tumbé a tu lado semidesnuda y te dejé abrazarme porque tú me estabas dejando descubrir a qué olías. 
Era un trato  justo. 

Nos dejamos pasar la noche abrazadas, atentas a cada golpe de campana que era tu dedo en mi espalda señalando que la carrera había comenzado aunque nosotras no supiéramos por dónde empezar. 
Nos dejamos pasar.

Te vi despertar y huir, te sentí frágil y fría, distante y terca, te escuche como quien sabe que algo está a punto de acabar y que nunca pueden haber dos comienzos cuando ni tan siquiera existió un primero, giré la cabeza mientras te veía deslizarte entre la gente y pensé en ti. 
Pensé sólo en ti.

Cuando te vi por última vez pensé "me guardaré estas ganas de besarte para cuando todo vaya más despacio".

Pero como vuelvas por aquí las sacaré de paseo, y te besaré en la cara, en la nuca, en la espalda y en la boca, te comeré la boca con todas las ganas que me estuve guardando cuando te vi alejarte por última vez.

Así que vuelve, vuelve, despierta a la bestia y cuéntale que aquí, mandas tú y que si dices "mía mía mía" yo me proclamaré, sin rechistar, "tuya tuya tuya".