domingo, 17 de agosto de 2014

Quizá puedas entenderme.

Si me voy lejos es porque quiero echarte de menos, quiero echarte tanto de menos que tenga que morderme las uñas a todas horas, tanto tanto que no pueda rascarme la espalda pensando que lo estás haciendo tú. 
Pero eso no es todo, quiero echarte tanto de menos que tenga que conspirar con muchísima premeditación y alevosía contra mis sentimientos y ser juzgada cuando aparezca tu sonrisa en ellos; que si por algún casual alguien me coge la mano no suelte esa sonrisa de gilipollas pensando que eres tú quién se está paseando por mis huellas dactilares. 
Echarte de menos a nivel experto, a un nivel que ni tú ni nadie pueda superar, que ni yo misma pueda superar, ese nivel que alcanzas cuando las cosas te salen del todo mal.
Quiero echarte de menos aquí y allí, en la cama y en el mar, echarte de menos sin saber por qué pero sabiendo siempre por qué no te lo diría jamás. 
Echarte de menos incluso por encima de toda tu nostalgia y de toda mi tristeza, superar límites en cuanto se traten de ti o de cualquier estúpida cosa que tenga que ver mínimamente contigo, por ejemplo, sentarme enfrente de la tele a no escucharla o tener en la mano una cerveza y no beberla. 
Yo que sé que al fin y al cabo todo es echarte de menos, así que yo quiero echarte de menos porque quizá, esa sea la única manera de no echarte de mi vida.

domingo, 20 de julio de 2014

Tú también tenías, te lo prometo.

Tú también tenías en el pecho estrellas,
te lo prometo;
lo sé porque cada noche
justo cuando soltabas tu primer suspiro
yo me entretenía contándolas,
una a una.
A veces contaba trescientas cincuenta y ocho,
otras veces contaba quinientas sesenta y cuatro 
y otras tantas no contaba
porque metías tu mano entre mis piernas 
y podía tocarlas yo misma.
Tú también tenías fuego en la mirada
te lo prometo;
lo sé porque cada vez que me mirabas
mis piernas querían echar a correr
pero las derretías y se quedaban inmóviles,
esperando a ser arrolladas por tus zapatillas negras
y por tu absurda manera de caminar.
Tú también tenías terciopelo en las manos
te lo prometo;
lo sé porque conseguí contar las noches 
en las que me acariciabas antes de dormir,
ciento cuatro si la memoria no me falla
y dudo que me equivoque,
porque cuando se trata de ti
no deja ni un sólo margen de error.
Me acariciabas de arriba a abajo,
de abajo a arriba,
de izquiera a derecha,
de derecha a izquierda,
y siempre,
en la novena caricia
te quedabas en tu casa
que estaba justo cinco dedos
debajo de mi ombligo.
Tú también tenías acero en las piernas,
te lo prometo;
lo sé porque cada vez que dabas un paso
me hacías pensar que no era en falso,
te creía al caminar
aunque tus gestos dijeran todo lo contrario.
Tú también tenías agua en la sonrisa,
te lo prometo;
lo sé porque quería beberte
constantemente,
en los días nublados
y en los días más calurosos de todo el verano.
Tú también me tenías a mí,
te lo prometo;
lo sé porque aún sé que te quiero
aunque no sea capaz de recordarlo.

sábado, 5 de julio de 2014

A veces.

Vuelvo más ida que cuerda 

y nada me ata.

Tengo a tres caricias de mí a una chica

está leyendo a Vicente Aleixander

y creo que va por ese verso que dice

"rostro amado/donde contemplo el mundo".

Ojalá pudiera conocerla

para no enamorarme.

Ojalá ahora mismo no estuviera imaginando

que duerme en camiseta ancha

y bragas de encaje,

siempre lleva sus pechos al aire

porque considera

que es el auge del arte

de una mujer.

Se masturba todas las noches

antes de dormir,

sin excepción 

y cada día con una técnica distinta,

repetir el placer

es su manera de ahogarse.

Es desordenada,

un auténtico desastre,

pudo darse cuenta 

cuando perdió al amor

por su esencia caprichosa.

Pero desde entonces

funde el queso 20 segundos

en el microondas 

y siente algo muy parecido.

Luego come la Nutella a cucharadas

y se echa a dormir,

quizá para soñar un mundo que no existe,

quizá para soñar,

quizá para.

A veces,

(y es importante este matiz

porque a veces

es la rendición del culpable)

pasea sola por Madrid

sonríe sola por Madrid

y se sienta sola

y lee sola,

y observa sola.

Porque a veces

(y ahora recordad el matiz)

te echa de menos.

Otras tantas sale de fiesta 

y baila hasta que son las canciones

las que la eligen a ella como su favorita,

y la bailan

y la gritan a cantos.

Aún con los pies cansados

se monta en el búho de siempre

y espera durante 43 minutos 

algo nuevo que sabe

que no pasará.

Es entonces cuando yo llego a mi casa

y me pongo mi camiseta ancha

sobre las bragas de encaje.

Luego fundo un poco de queso

durante veinte segundos

en el microondas:

y vuelvo a creer en el amor.

Después tomo Nutella a cucharadas

y me echo a dormir

porque he estado toda la noche 

haciendo que las canciones

bailen para mí,

para soñar con un mundo mejor

en el que a veces

no te eche de menos.

Tengo a tres caricias de mí a una chica

está leyendo a Vicente Aleixander

y creo que va por ese verso que dice

"rostro amado/donde contemplo el mundo".

Ojalá pudiera conocerla

para que si mientras la miro

se atreviese a preguntarme

en quién estás pensado,

tuviese la urgente necesidad de contestarle:

a veces, en mí.

martes, 1 de julio de 2014

Eras del verbo estar.

Eras presente cuando aún no me atrevía a tenerte, 
que me perdía en las horas del reloj 
porque sabía que te encontraría.

Eras la suerte
que todos buscaban en sus tréboles,
el día de San Patricio
hecho sonrisa.

Eras la colonia favorita 
de la chica del metro
que siempre salía del tercer vagón 
a las siete en punto.

Eras la pistola
que siempre apuntaba al pecho
cuando yo estaba delante,
el gatillo que siempre daba en las rodillas
con la intención de hacerme temblar
con la finalidad de verme caer.

Eras la cobardía
del atrevimiento.
La inquietud
del miedo.

Eras el reloj
que siempre llegaba 39 minutos tarde
y lo paraba empezando con el pie izquierdo.

Eras el gato blanco
que se cruzaba con una persona negra
y no le temía a la mala suerte.

Eras la reina de corazones
que tenía todos lo de la ciudad
y detestaba a cada cual
más.

Eras la princesa
que encerró al dragón 
en la última torre del castillo.

Eras el pájaro sin alas
que se tiraba desde un séptimo
porque quería aprender a volar.

Eras el dolor
hecho cura,
la cicatriz 
hecha herida.

Eras la carterista de corazones
que te pillaba a hora punta
y disparaba en tiempo muerto.

Eras el cordón de zapatilla
que siempre se desataba
pero nunca te veía caer.

Eras la cornisa favorita
de la suicida más estúpida
de todo Madrid.

Eras el policía
que daba la mano al ciudadano
y se ahorraba
cinco de cada seis palos.

Eras la chica
que temía al amor
pero estaba deseando enamorarse.

Eras La Maga
que bebía mate
y te hacia jaque.

Eras del verbo estar
pero nunca ser.

Eras tú todas las mujeres de mi vida
y ahora son todas las mujeres de mi vida
quienes hablan de ti.

martes, 24 de junio de 2014

La diferencia entre el primer y el segundo amor.1

Hoy he visto al primer 
y único amor.
Dicen que es el único verdadero
y es en lo único que no mienten
cuando hablan de enamorados.
Paseaba a mi lado (in)diferente,
con otro cuerpo
con otras manos,
con su olor impregnado en el cuello.
Recuerdo que te quise 
por como eras conmigo.
Porque sacabas tu armadura de acero
y disparabas a matar contra mi pecho, 
y eso a mí me parecía precioso.
Vivía más con el dolor de tus caricias
que con el amor de cualquier esquina.
Nadie nunca me ha conocido como tú,
que sabes cuando una gota de hielo
va a deslizarse por tu espalda, 
que sabes cuando quiero besarte 
y cuando estoy deseando matarte.
Que me preguntas 
"¿en qué piensas?"
cuando sabes que pienso en ti
y haces pactos con el diablo
porque algún día follaremos como animales
y serás, de verdad,
el
amor
de
mi
vida.
Porque llueve
y contigo de la mano el sol 
sonríe, 
sabe que nos tocamos desapercibidas
como queriendo que nadie nos vea
pero viéndonos nosotras.
No nos aguantamos la ganas de tenernos
y eso desborda el corazón
que está medio vacío 
desde la última vez que lo habitaste.
Si vuelves,
vuelve de verdad
por favor
que nadie ha sabido hacerme el amor
como lo tocaban tus manos.
Que nadie ha sabido hacerme, amor
como tus labios.
Pero no fuiste el único amor, 
también estuvo ella, 
que destrozó todos mis esquemas
con una de cal y otra de arena.
El segundo amor, 
el que te hace creer que la vida aún, 
puede tener algo de sentido
que aún puedes sacar todas tus flechas contra alguien
y que ese alguien,
tiene un círculo rojo en el pecho
y hará todo lo posible 
porque afines la puntería.
Que haces todo con ella,
la comida entre sus piernas 
y la cena entre sus sábanas. 
Pero nunca logra darte un beso en la nariz.
Pero nunca logra decirte
que entre todas
eres
la
primera.
Pero, ¿sabes qué?
Es mentira.
La diferencia entre el primero
y el segundo amor
es que el primero nunca da por hecho
haberlo sido,
pero sí haberlo hecho.

lunes, 2 de junio de 2014

Quiero una chica lluvia.


Quiero una chica que llore delante de la gente sin sentir miedo alguno, que demuestre que es valiente y que la fuerza la mantiene.
Que baile por la calle sin necesidad de que nadie cante, que mueva sus caderas al compás del silencio porque tiene la firme teoría de que no hay peor melodía que la del que no sabe escuchar.
Quiero una chica que lleve vestidos y me deje meterle mano por cada bar que pisemos, que lleve siempre un boli encima y firme en los baños en los que echemos un polvo cutre y cargado de cariño, yo qué sé, que ponga "aquí follé yo" o cualquier gilipollez de niña adolescente que me haga recordarla cuando ya se haya ido.
Quiero una chica que tenga miles de detalles pero nunca me regale nada, que se plante en la puerta de mi casa cuando sepa que voy a abrirla y sonría como si las puertas del infierno se le estuvieran abriendo en la puta cara.
Quiero una chica que me sea infiel pero no se acueste con nadie que no sea yo, no quiero que respete mis principios pero sin embargo sepa compartir todos mis finales, que tenga ideas políticas completamente opuestas a las mías y aplauda cada vez que un cabeza hueca salga por la caja tonta. Que me discuta aún a sabiendas de que no lleva razón y que se quede callada cuando sepa que la lleva.
Quiero una chica que me deje plantada en los bares porque está en el capítulo XV de su libro favorito, que llegue una hora tarde pero que llegue, y que me haga llegar. Que se comporte como una princesa de cuento en la calle pero como una zorra de película en la cama. Que me enseñe a perder  todos los absurdos modales con su lengua.
Quiero una chica que asimile las derrotas y nunca cante victoria en voz alta, que se duche con agua fría y me obligue a hacerlo todo con ella, hasta el amor.
Quiero una chica que llueva siempre, y que cada día, me reserve cinco minutos para ver el arcoiris de sus piernas.
Quiero una chica lluvia, que me abrace y me diga que no hay mejor paraguas que las manos del amor. Pero que, en las manos del amor, todos somos unos completos gilipollas.

lunes, 19 de mayo de 2014

No somos nadie.

No somos más que una montaña de todo lo que hemos perdido y todo lo que hemos ganado.
No somos más que un puñado de destrezas que caminan de puntillas para no hacer demasiado ruido ante lo desconocido. 
No somos más que simios que fingen pensar y hablar y decir y ver y escuchar cuando sólo se dejan mandar y recibir y acatar y perjudicar.
No somos gente que se queda en su casa, somos personas que salen a la calle a gritar que están hartos de que nadie les quiera escuchar.
No somos "la moda", somos artistas porque hablan de puta pena de nosotros, así que algo tendremos que estar haciendo de puta madre.
No somos lo que seremos si no lo que fuimos y nos permite caminar con la cabeza bien alta y el corazón bien puesto.
No somos cobardes, somos adultos que de mayores quieren ser alguien, da igual quién. 
No somos amigos, somos las huellas del futuro que se esfuerzan en levantarse con fuerza cuando la barbilla está a punto de rozar el suelo.
No somos hermanos, somos imanes que se agarran de la mano y lloran en silencio cuando algo va mal.
No somos familia, somos montañas de sentimientos que sacan la cabeza buscando algo de fuerza.
No somos títeres que se dejan dirigir por esas cabezas huecas que han tomado las riendas del que cada vez es menos nuestro país, somos gladiadores que salen a pisar el asfalto, a esquivar palos y a recibir golpes.
No somos la generación de los muertos porque estamos más vivos que Jesús a los tres días de su muerte.
No somos nadie, somos todos.
No eres mi recuerdo, yo soy tu olvido.
No somos infelices aunque tengamos los ojos tristes, somos chavales que saltan por la calle, que beben cerveza y leen poesía en los bares.
No somos polvo, somos todo lo que un día nos dijeron que nunca seríamos.