miércoles, 5 de junio de 2013
Para unos héroes como papá y mamá.
Empezaré escribiéndole a algo sin sentido,
algo como el amor de treinta y siete años,
como a los nueve años de noviazgo
y las veintisiete vidas de casados,
como los comienzos que no encuentran un fin
y como las personas que están ciegas de querer
y van por el mundo sin bastón.
Luego, os escribiré a vosotros,
papá y mamá,
que sois el perfecto ejemplo de héroes,
que jugábais por las calles a odiaros
sin saber que compartiríais el resto de vuestros días.
Escribiré a papá sólo para decirle
lo indecente que era por levantarte la falda y salir corriendo,
por mirarte al culo en vez de a los ojos.
Por hacerse el chulo delante de sus amigos
y abrirse el pecho por ti,
pero hacerlo en silencio.
Escribiré a mamá por la paciencia que tenía contigo
y por las hostias de mano abierta que se guardó en el bolsillo.
Por rechazar a cientos y aceptar a uno,
por querer a capa y espada ante las adversidades.
Pero sobretodo,
os escribiré juntos
como esos que convencieron a unos padres de que era para siempre,
de que merecía la pena compartir sus vidas
y lucharon entre bailes y películas por lo que más querían,
-por ellos-
como aquellos que aprendieron lo que es la vida a base de errores,
a base de golpes que dejan moratones y secuelas
y aún así,
supieron sacar adelante a dos pequeños insolentes
que no hacían más que meterse en problemas,
que retar los castigos con pícaras sonrisas
y escupir mentiras para salirse con la suya,
pequeños insolentes que han crecido para veros
y ahora no saben hacer otra cosa que quereros.
Aprendisteis a pasar los mejores veranos de vuestras vidas
en buena compañía,
entre chapuzas de los años 80;
en pequeñas tiendas de campaña
donde las noches se os hacían eternas
y entre olas de agua salada
donde revolcábais vuestros miedos.
También aprendisteis a enseñarnos lo que es la vida
cuando con la mano decíamos adiós a cada tren que pasaba,
porque al fin y al cabo es eso,
una infinidad de trenes que pasan
y no esperan nuestra llegada,
pero afortunadamente tienen un motor común,
os tienen a vosotros.
También nos enseñasteis lo que es el amor a base de sonrisas
y noches en vela,
lo que es el amor hacia unos padres
que es el único verdadero.
Nos habéis enseñado tanto
que no sabemos por dónde empezar a quereros
y solemos desesperaros con nuestra desobediencia
y malos modos,
estamos en la edad, supongo.
Pero sabéis que a quereros no nos gana nadie,
que podemos presenciar las mayores guerras
y convertirlas en treguas cuando estamos juntos;
y ahora a nosotros
solo nos queda daros las gracias por darnos la vida,
pero sobretodo,
por daros la vuestra.
Por pedir, pediría.
Me gustaría pedir tantas cosas,
que me quedaría corta al pedirte en mis planes;
y es que por pedir te pediría a ti
y a tus caprichos pasajeros,
tus noches en vela mientras duermes
dándome la espalda
y clavándome la espada,
sacándola a media tinta
para que yo te escriba.
Por pedir,
pediría un tintero invisible
para que no puedas saber
las horas que te pienso
y las veces que te extraño;
una pluma que nunca se canse
de escribirte para crecer contigo,
con tus rimas,
con tus idas y venidas en otras camas
y mis ganas insaciables de amarte,
para envejecer contigo
en el dedo de mi mano y que juntas,
maldigamos todas esas patas de gallo
que salen con la edad y el amor,
para enterrarte y que me entierres
y encontrarnos en otra vida
para amarnos como no lo hicimos en la primera.
Por pedir,
pediría ser tu incendio
y que tú fueras mi fuego
para quemarme una y otra vez,
para quedar en carne viva
y que como siempre,
vengas a echar sal en la herida
-pero por favor, que esta vez sea saliva-
que vengas a escocerme y a besarme,
a quedarte por fin,
quedarte conmigo para nunca,
que dicen que el siempre es mucho
y cansa
y ya sabes que tú eres la pescadilla
que me muerde la boca
porque se olvidó de su cola,
porque se olvidó que los sentimientos
no entienden de esperas ni tiempos,
ni de ti.
Por pedirte,
te pediría todos los años
en la carta a los Reyes Magos
poniendo como excusa que he sido muy buena,
que he hecho todos mis deberes
y he ayudado a todos
y cada uno de mis amigos,
que a mí el carbón no me gusta
y tú eres igual de dulce;
le diría a Gaspar que por favor
te trajera la madrugada del 6 de enero
y se dejase de árboles,
que te metiese directamente en mi cama,
que yo a cambio prometo dejarles unas pastas
y un buen vino
para que tengan fuerzas durante toda la noche;
y si ellos no me hicieran caso,
cada vez que se me cayera un diente
te pediría al Ratoncito Pérez,
que seguro que él sabe más de amor
y menos de trabajos y carbones.
Por pedir,
pediría para ti una página entera en el diccionario
situada en la letra Z por ser tu último plan
y mi primer pensamiento,
así quizá aprendería a entenderte
y a estudiar todas tu acepciones
siendo la primera olvidar,
aprendería a cerrarte de golpe
y abrirte en un par de años,
llena de polvo y de heridas,
y tan ingenua te curaría
como siempre lo he hecho
y te seguiría queriendo
tanto como lo hace Cernuda
con la poesía
-o como lo hace contigo-
que joder,
ya dudo si te escribía él
o te escribo yo.
Pediría pasarte de hoja
y cortarme el corazón con el filo de tus labios,
sangrar para empaparte de mí
y ver como tú das vuelta y media de campana
y te alejas entre acepciones,
llegando a la última de amar,
y enseñarte lo que esto significa
para que tú me llames tonta por creer en ti,
que no en el amor.
Por pedir,
pediría ser los pliegues de tus sábanas
y meterme entre tus recovecos todas las noches,
que estemos secas y me dejes húmeda
besándote en otros labios,
abrazarte y que sudes entre mí,
que sueñes y tengas pesadillas
de esas que tienes desde que no crees en los monstruos,
de esas que yo tengo cuando tú no apareces en mis noches
y te veo mal acompañada
que es mucho mejor que estar sola.
Te pediría en sueños de esos que ayudan a dormir
y en pesadillas de esas que ayudan a despertar.
Que ya sabes que tiran más dos ojos que un corazón,
que en los tiempos que corren
el corazón se tira en cualquier esquina
y así nos pasa,
que luego no creemos en el amor
y escupimos arcoiris en vez de hacer poesía,
que nos metemos en guerras y bombas
en vez de hacer el amor,
que nos buscamos en todas
hasta que llega la razón
para encontrarnos en cualquiera.
Por pedir,
esta vez pediría ser tu reloj sin pila
desde aquella tarde,
y pararnos en el tiempo
para no viajar al futuro
y poder girar las agujas a nuestro antojo,
en presente, por supuesto,
y no cortarnos ni sangrar,
ni echarte de menos
para que tú no me eches de más.
No podía dejarte ir
sin antes decirte algo así,
que quizá a ti no te importe
pero desde que no estás vomito arcoiris cada noche
que es la única forma de empaparme de ti.
Te pido que me busques en otra vida,
que yo ya te he encontrado en esta.
domingo, 2 de junio de 2013
Te siento pero no te quiero.
Ya te he versado, besado,
he dormido agarrada a tu cintura
y he sonreído al ver como despertabas
con el primer rayo de luz.
Ya me he comido la luna en tu cadera,
he gemido encima de tus vacios,
he sembrado amapolas en tu cama
y te he posado sobre ellas.
He roto tus esquemas
-y tus orgamos-
Ya te he desvestido sonrisas,
miradas y cuerpos,
empezando por el sofá y un 'quédate'
que es tan indiscreto como tentador;
y he terminando en el lado izquierdo de tu cama,
sobre ti.
Ya te he follado
sobre la ebriedad de las ganas,
con unas cuantas copas de más
y unos 'te quiero' de menos.
Ya he disimulado los escalofríos
tras mordiscos mientras abrochabas
lo que tú misma supiste desabrochar
y entre disimulo y disimulo,
he dejado escapar una sonrisa.
Ya me he desayunado tus ganas
y me he quedado con hambre.
Qué joder,
complementarnos tan bien no tiene ni pizca de cordura,
es más bien una casualidad
manchada de incoherencia,
de una incoherencia que me gusta
mucho más de lo que me gustas tú.
Y de verdad,
tú no sabes lo que se siente
al querer sentirte sin quererte.
jueves, 30 de mayo de 2013
La vida y el amor no se dan la mano.
La vida, y el amor
son una espiral
que nunca dejan de girar
y siempre nos traen las mismas noticias.
Un buen día, soleado
te sientes radiante, feliz
y aparece.
Le miras, te mira
sonríes
y aquí empieza todo.
Miradas furtivas
presas en caprichosos cazadores.
Un amor de un par de semanas
besos
pasión
sexo
éxtasis
caricias
fin.
Siempre, y digo siempre
uno de los dos se cansa,
decide que ha calmado la sed de soledad
que ha finalizado el número de polvos,
y no por la monotonía del sexo
si no por la llegada
de un cuerpo más tentador.
Y tú sufres
y ella folla como lo hacía contigo.
Lloras, maldices
y cualquier momento es bueno
para recordar lo puta que era.
En el amor, igual que en el sexo
uno siempre da más,
y acaba perdiendo.
Un par de semanas
de un caprichoso dolor;
hasta que ocurre.
Le miras, te mira
sonríes;
y vuelta a empezar.
Miradas furtivas
presas en caprichosos cazadores.
Un amor de un par de semanas
besos
pasión
sexo
éxtasis
caricias
fin.
Y a esta espiral
la llamamos vida,
a este sentimiento de que nadie llega
de que sólo follas
y que nunca haces el amor.
Hasta que ocurre.
Le miras, te mira
sonríes
y aquí empieza todo.
Miradas furtivas
presas en ingenuos cazadores.
Un amor de un par de vidas
besos
caricias
pasión
sexo
éxtasis
comienzo.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Prefiero llamarte en pasado.
Lo cierto es que hoy
ha sido un día de mierda.
En pleno mayo
y mis huesos siguen calando.
Lo cierto es que te echo de menos
sin saber que quizá
algún día te eche de más.
Somos el arca de Noe
a punto de embarcar
pero esta vez con final trágico;
somos el campo de concentración
repleto de amapolas mirando al sol;
somos la puta y el mendigo
que por unos instantes
se olvidaron del amor para siempre.
Somos también,
la ilusión que se abalanzó sobre la borda
y terminó de manera helicoidal
sumergida en un mar de sal.
Somos el verbo olvidar
el más difícil de pronunciar.
Eres la palabra Amor
perdida en un mar de dudas
y la duda de amar
perdida en corazones cansados.
Eres el verbo ser, en pasado;
eras.
Formaste parte de mi vida
fuiste la mejor amiga de mis sábanas,
la mejor delicuente de mis caderas,
el mejor arma de mis ojos
y el veneno letal de mi saliva.
Eras la cocaína que día a día
consumí hasta volverme adicta.
Eras amor,
ahora simplemente
eres una puta.
Desesperada y viva por sentirme presa.
Puedo dormir con otras
o follarme a treinta,
pero siempre despierto contigo
y me corro en ti.
Puedo parecer la más hija de puta del planeta,
pero es que aún no he encontrado piernas
en las que refugiar mis miedos.
Puedo hacerte creer
que mi mundo gira entorno a tu ombligo
y la verdad que eso es cierto
pero tú aún no lo sabes.
Puedo decirle a la musa
que huya de mis versos
que algunos no saben dónde ir a parar
por miedo al rechazo.
Puedo decirle al poeta
que deje de contar mentiras,
que la gente quiere creer en él
y no en la poesía.
También puedo decir
que no respiro aire,
que soy inmortal entre mortales
que me poso en tu pecho y todo sale.
Puedo decir muchas cosas
y puedo permanecer en silencio,
que dicen que es de sabios
y yo soy un poco tonta.
Tonta por creer que algún día
confiaste en mí;
por no darme cuenta
de que diste media vuelta
y me dejaste al borde del abismo
preparada para saltar.
Que desde que la vida es muerte
tengo miedo a quedarme presa
en cualquier cama
y ser atropellada a base de gemidos.
Que desde que la muerte es vida
tengo miedo a besar los labios de la mentira
y sonreírle a quemarropa
a cualquier desconocido indecente.
Que desde que los domingos son domingos
no te espero debajo de mi manta;
desde que cogiste un billete de ida pero sin vuelta,
no te espero.
Que esperar es tan sólo
desesperar en la monotonía
del minutero,
y yo solía desesperar entre tus piernas
hasta que yo volé,
y tú te corriste.
Nunca detengas tu tiempo.
No sé exactamente qué pasó,
pero los días me pesaban
casi tanto como esa boca
que jamás has llegado a morder;
no sé exactamente qué pasó
y todo se tiñó de gris
me sentía en los ojos de un perro
entre la marea de tanta gente
que intenta decirte cosas
pero no te dice nada.
Sólo sé que algo no pasaba
que estaba totalmente estancado
y empezaba a oler a putrefacto.
Sólo sé que la gente creía en brújulas
en medias lunas a medio día;
que creían en el amor
y en los monstruos de debajo de la cama.
Que creían a los poetas
en vez de a la poesía
e ingenuos pensaban
que las musas, algún día, llegarían a ser algo más.
Sólo sé que la gente creía en fantasmas
y en cementerios a medio acabar,
en la vida después de la muerte
y la muerte antes de la vida.
Sólo sé que me faltaba por creer en algo
en alguien, o en mí.
Me hablaron del tiempo
como si él fuera oro
y la verdad, amigo,
que no se equivocaban.
Pero nadie habló nunca
con quién queremos compartir ese oro,
con quién queremos hacer
que nuestro tiempo corra vertiginosamente
-créeme, que esté parado es una putada-
Y el tiempo a su vez
me habló de ti;
de tus gemidos en camas ajenas
y tus desconocidas ansias de mí.
De tu culo, de ti.
En un arrebato de valentía
le pregunte:
¿por qué te paras tiempo
si el roce de su cuerpo
es lo que pone en funcionamiento mis agujas?'
Y una suave brisa me abofeteó la cara
empezando el reloj a dar tumbos
como si quisiera cobrar vida propia.
Y la cobró,
le rocé
me rozó.
Y desde entonces
nadie se atrevió a decirme
que el tiempo es oro,
el tiempo sólo lo conoce él
y sus gemidos a media noche.
El tiempo, tiene su nombre.